En febrero de 1925, Reisner descubrió accidentalmente la tumba atribuida a la reina Hetepheres (s. XXVI a. C.) y encontró algunos de los muebles más antiguos de los que se tiene constancia. Entre ellos aparecen camas que, por su ergonomía, es posible que fueran utilizadas con el cuerpo recostado para descansar, comer o conversar. De hecho, en las representaciones murales de algunas tumbas aparecen escenas de la vida cotidiana donde se observa esta postura sobre muebles parecidos.
Howar Carter descubrió en 1925 la tumba del faraón Tutankamon (s. XIV a.
C.) donde aparecieron sillas, tronos, bancos, camas y arcas. Gracias a estos objetos se tiene conocimiento de las técnicas, ornamentaciones, materiales y diseños que utilizaron los egipcios en la fabricación de sus muebles.
Antes hemos mencionado el triclínium, usado en Grecia, Etruria y Roma.
El nombre se aplica a uns especie de diván o chaiselongue, pero en realidad era el comedor de lujo de la casa. Estaba formado por tres lechos (de ahí su nombre), formando los tres lados de un cuadrilátero, quedando libre el cuarto para poder servir a los comensales. Si era permanente solía estar construido en mampostería, sobre la cual se ponían colchonetas a la hora de la comida. También era utilizado para descansar, conversar o recibir algunas visitas.
El mueble destinado a recostarse perduró en la cultura árabe y entró en Europa a través de la península ibérica tras la conquista musulmana. Se trataba de una estructura que podía ser de madera, metal o marfil, a menudo rícamente decorada con marquetería o incrustaciones, sobre la que se colocaban cojines y almohadones. Se conservan bellos ejemplos en los que las patas reproducen extremidades de animales exóticos. Este tipo de diván se incorporó sólo de manera excepcional a los usos mobiliarios de los reinos cristianos ya que el cristianismo medieval imponía una austeridad en las formas que se contradecía con la supuesta frivolidad oriental o el recuerdo de los licenciosos y depravados banquetes romanos.
El desarrollo de la versión moderna del sofá puede datarse a finales del siglo XVI, donde los antiguos artesanos desarrollaban marcos simples de madera o mármol que eran acolchados con materiales naturales como sedas finas, pelo de caballo o plumas de aves. Junto a las técnicas de bordado de la época y el uso del terciopelo o cueros estampados, se confeccionaba una superficie suave de asiento. Su alto coste económico hizo que este mueble se considerase como un artículo de lujo que poseía la clase alta, muy asociado con la idea de tomar el café o té. De esta manera, la construcción de este mobiliario, concebida en sus orígenes desde una visión simplemente utilitaria, evoluciona hacia una marcada tendencia decorativa. A partir de entonces el sofá se va adaptando a los sucesivos estilos: barroco, Luís XIV, Rococó, Luís XV, Chippendale, Neoclásico, etc. convirtiéndose a menudo en objeto de gran riqueza y valor artísticos.
A partir de mediados del s. XIX, con la industrialización y el desarrollo de nuevas técnicas de fabricación junto con el descubrimiento y evolución de nuevos materiales, se empieza a construir este tipo de mueble de manera seriada y a precios asequibles. De este modo, en menos de 100 años, el sofá se populariza en todas las capas sociales, convirtiéndose en una pieza imprescindible en el equipamiento de la mayoría de las viviendas. Los sofás se empiezan a construir con espumas, materiales sintéticos, plumas o rellenos híbridos, además de ser tapizados con telas o pieles tratadas con nuevas técnicas de confección. En los últimos 150 años los sofás han reflejado las tendencias estéticas y funcionales del momento: Art nouveau, Art Deco, Racionalismo, Bauhaus... En la actualidad el diseño y la decoración junto con la ergonomía ligada a los nuevos conceptos de descanso y salud, marcan unas tendencias en continua y rápida evolución.












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