Algunos consejos para que renueves tu comedor con pequeños detalles y no gastes un dineral.
Cómo cuando decidimos renovar nuestra imagen personal con un nuevo vestuario, o nuevo corte de cabello, llega el momento de cambiar nuestro salón. Y es entonces cuando pensamos que, si tenemos que comprar nuevos sofás, muebles, pintar o incluso hacer reformas, nos costará un ojo de la cara, y nos desanimamos. Pero con un poco de creatividad, observación, y paciencia, podemos darle un giro total con poco dinero. Antes de hacer cualquier cambio, hay que "limpiar el espacio". Según el Feng Shui, que se desarrolla originariamente desde la observación, la energía necesita lugar para moverse. El espacio tiene que ser limpio para sentirse bien. Las simetrías, proporciones, formas, luz y colores de una casa determinan la armonía y vitalidad de aquellos que viven. No hay que tener un espacio abarrotado de sofás, muebles y objetos. Además, esta decoración austera llena de moda "zen". Los sofás es donde se hace vida, y vale la pena crear una estancia acogedora. Para que entre más luz, evitamos cortinas oscuras. Para iluminar el techo, pongamos una luz de pie, y combinándolo con velas, creamos espacios agradaables. Tan sólo cuadros con motivos alegres mejoran el estado psicológico. El agua, las plantas, y algunas piezas de madera, nos vuelven al origen de la tierra. Podemos pintar nosotros mismos: el verde es vitalidad; el rojo, romántico; el marrón comunicación; el naranja, calidez; y el blanco, relajación. Un espejo cerca de la mesa "duplica" la comida, y aporta prosperidad familiar. Cambiar los sofás es crucial: si el aposento es pequeño, escogemos colores crudos; si es grande, los estampados y colores llamativos en los tapizados hacen que parezca más pequeño. Si queremos crear además un rinconcito de lectura, basta con un sillón sencillo, o unas cuántas almohadas y luz natural. Para separar espacios, un sencillo biombo o cortina. Con estos consejos y la imaginación, la renovación del salón es asequible a cualquier bolsillo.
lunes, 22 de agosto de 2011
lunes, 8 de agosto de 2011
Breve historia de los sofás.
Los restos arqueológicos, casi exclusivamente en ajuares funerarios, y las representaciones artísticas de la antigüedad nos revelan la existencia de algunas formas mobiliarias que nos recuerdan sofás que conocemos en la actualidad. Suele ser un mueble híbrido entre el lecho y el asiento que podía tener una función dignataria, como un trono, o una función utilitaria como, por ejemplo, comer, alternar o descansar, como el triclínium romano. La primera se da comunmente en las culturas del mediterráneo oriental como la asiria, mesopotámica o minoica y la segunda, además de existir en esta zona oriental, se populariza y se extiende hacia occidente siendo su mejor exponente el susodicho triclinium utilizado por griegos, etruscos y romanos.
En febrero de 1925, Reisner descubrió accidentalmente la tumba atribuida a la reina Hetepheres (s. XXVI a. C.) y encontró algunos de los muebles más antiguos de los que se tiene constancia. Entre ellos aparecen camas que, por su ergonomía, es posible que fueran utilizadas con el cuerpo recostado para descansar, comer o conversar. De hecho, en las representaciones murales de algunas tumbas aparecen escenas de la vida cotidiana donde se observa esta postura sobre muebles parecidos.
Howar Carter descubrió en 1925 la tumba del faraón Tutankamon (s. XIV a.
C.) donde aparecieron sillas, tronos, bancos, camas y arcas. Gracias a estos objetos se tiene conocimiento de las técnicas, ornamentaciones, materiales y diseños que utilizaron los egipcios en la fabricación de sus muebles.
Antes hemos mencionado el triclínium, usado en Grecia, Etruria y Roma.
El nombre se aplica a uns especie de diván o chaiselongue, pero en realidad era el comedor de lujo de la casa. Estaba formado por tres lechos (de ahí su nombre), formando los tres lados de un cuadrilátero, quedando libre el cuarto para poder servir a los comensales. Si era permanente solía estar construido en mampostería, sobre la cual se ponían colchonetas a la hora de la comida. También era utilizado para descansar, conversar o recibir algunas visitas.
El mueble destinado a recostarse perduró en la cultura árabe y entró en Europa a través de la península ibérica tras la conquista musulmana. Se trataba de una estructura que podía ser de madera, metal o marfil, a menudo rícamente decorada con marquetería o incrustaciones, sobre la que se colocaban cojines y almohadones. Se conservan bellos ejemplos en los que las patas reproducen extremidades de animales exóticos. Este tipo de diván se incorporó sólo de manera excepcional a los usos mobiliarios de los reinos cristianos ya que el cristianismo medieval imponía una austeridad en las formas que se contradecía con la supuesta frivolidad oriental o el recuerdo de los licenciosos y depravados banquetes romanos.
El desarrollo de la versión moderna del sofá puede datarse a finales del siglo XVI, donde los antiguos artesanos desarrollaban marcos simples de madera o mármol que eran acolchados con materiales naturales como sedas finas, pelo de caballo o plumas de aves. Junto a las técnicas de bordado de la época y el uso del terciopelo o cueros estampados, se confeccionaba una superficie suave de asiento. Su alto coste económico hizo que este mueble se considerase como un artículo de lujo que poseía la clase alta, muy asociado con la idea de tomar el café o té. De esta manera, la construcción de este mobiliario, concebida en sus orígenes desde una visión simplemente utilitaria, evoluciona hacia una marcada tendencia decorativa. A partir de entonces el sofá se va adaptando a los sucesivos estilos: barroco, Luís XIV, Rococó, Luís XV, Chippendale, Neoclásico, etc. convirtiéndose a menudo en objeto de gran riqueza y valor artísticos.
A partir de mediados del s. XIX, con la industrialización y el desarrollo de nuevas técnicas de fabricación junto con el descubrimiento y evolución de nuevos materiales, se empieza a construir este tipo de mueble de manera seriada y a precios asequibles. De este modo, en menos de 100 años, el sofá se populariza en todas las capas sociales, convirtiéndose en una pieza imprescindible en el equipamiento de la mayoría de las viviendas. Los sofás se empiezan a construir con espumas, materiales sintéticos, plumas o rellenos híbridos, además de ser tapizados con telas o pieles tratadas con nuevas técnicas de confección. En los últimos 150 años los sofás han reflejado las tendencias estéticas y funcionales del momento: Art nouveau, Art Deco, Racionalismo, Bauhaus... En la actualidad el diseño y la decoración junto con la ergonomía ligada a los nuevos conceptos de descanso y salud, marcan unas tendencias en continua y rápida evolución.
En febrero de 1925, Reisner descubrió accidentalmente la tumba atribuida a la reina Hetepheres (s. XXVI a. C.) y encontró algunos de los muebles más antiguos de los que se tiene constancia. Entre ellos aparecen camas que, por su ergonomía, es posible que fueran utilizadas con el cuerpo recostado para descansar, comer o conversar. De hecho, en las representaciones murales de algunas tumbas aparecen escenas de la vida cotidiana donde se observa esta postura sobre muebles parecidos.
Howar Carter descubrió en 1925 la tumba del faraón Tutankamon (s. XIV a.
C.) donde aparecieron sillas, tronos, bancos, camas y arcas. Gracias a estos objetos se tiene conocimiento de las técnicas, ornamentaciones, materiales y diseños que utilizaron los egipcios en la fabricación de sus muebles.
Antes hemos mencionado el triclínium, usado en Grecia, Etruria y Roma.
El nombre se aplica a uns especie de diván o chaiselongue, pero en realidad era el comedor de lujo de la casa. Estaba formado por tres lechos (de ahí su nombre), formando los tres lados de un cuadrilátero, quedando libre el cuarto para poder servir a los comensales. Si era permanente solía estar construido en mampostería, sobre la cual se ponían colchonetas a la hora de la comida. También era utilizado para descansar, conversar o recibir algunas visitas.
El mueble destinado a recostarse perduró en la cultura árabe y entró en Europa a través de la península ibérica tras la conquista musulmana. Se trataba de una estructura que podía ser de madera, metal o marfil, a menudo rícamente decorada con marquetería o incrustaciones, sobre la que se colocaban cojines y almohadones. Se conservan bellos ejemplos en los que las patas reproducen extremidades de animales exóticos. Este tipo de diván se incorporó sólo de manera excepcional a los usos mobiliarios de los reinos cristianos ya que el cristianismo medieval imponía una austeridad en las formas que se contradecía con la supuesta frivolidad oriental o el recuerdo de los licenciosos y depravados banquetes romanos.
El desarrollo de la versión moderna del sofá puede datarse a finales del siglo XVI, donde los antiguos artesanos desarrollaban marcos simples de madera o mármol que eran acolchados con materiales naturales como sedas finas, pelo de caballo o plumas de aves. Junto a las técnicas de bordado de la época y el uso del terciopelo o cueros estampados, se confeccionaba una superficie suave de asiento. Su alto coste económico hizo que este mueble se considerase como un artículo de lujo que poseía la clase alta, muy asociado con la idea de tomar el café o té. De esta manera, la construcción de este mobiliario, concebida en sus orígenes desde una visión simplemente utilitaria, evoluciona hacia una marcada tendencia decorativa. A partir de entonces el sofá se va adaptando a los sucesivos estilos: barroco, Luís XIV, Rococó, Luís XV, Chippendale, Neoclásico, etc. convirtiéndose a menudo en objeto de gran riqueza y valor artísticos.
A partir de mediados del s. XIX, con la industrialización y el desarrollo de nuevas técnicas de fabricación junto con el descubrimiento y evolución de nuevos materiales, se empieza a construir este tipo de mueble de manera seriada y a precios asequibles. De este modo, en menos de 100 años, el sofá se populariza en todas las capas sociales, convirtiéndose en una pieza imprescindible en el equipamiento de la mayoría de las viviendas. Los sofás se empiezan a construir con espumas, materiales sintéticos, plumas o rellenos híbridos, además de ser tapizados con telas o pieles tratadas con nuevas técnicas de confección. En los últimos 150 años los sofás han reflejado las tendencias estéticas y funcionales del momento: Art nouveau, Art Deco, Racionalismo, Bauhaus... En la actualidad el diseño y la decoración junto con la ergonomía ligada a los nuevos conceptos de descanso y salud, marcan unas tendencias en continua y rápida evolución.
miércoles, 3 de agosto de 2011
Te Sientes como te Sientas
Habitualmente, porque pensamos que estamos más cómodos, adoptamos posturas que no son las más adecuadas para la columna. Esto, a la larga, nos trae problemas y dolores muy molestos que nos impiden realizar nuestra actividad diaria.
A veces pasa que no sabemos bien porque pero tenemos dolor de espalda sin haber hecho un sobreesfuerzo, o habernos cansado excesivamente, o no haber levantado pesos. Ni tan solo recordamos acumular tensión que nos hubiera podido contracturar… Hemos pensado que puede ser que no nos hubiéramos sentado del todo bien en el sofá viendo la televisión, ¿A pesar de que cuando lo hacemos nos sentimos cómodos y descansados? Las malas posturas continuadas o vicios posturales pueden reducir lesiones acumulativas, como por ejemplo deformaciones permanentes de la columna vertebral. Si no corregimos a tiempo estas posturas, podemos hasta acabar recurriendo a la cirugía.
Lumbares, dorsales y cervicales
Una posición incorrecta repetida a menudo hace que todo sufra, ya que obligamos constantemente a los ligamentos, músculos, discos y huesos a hacer una función para la cual no han estado creados.
Conocer la estructura, funcionamiento y limitaciones de la columna vertebral, así como las posturas correctas para mantener su integridad, evita lesiones y trastornos en la espalda. Esta formada por 33 huesos y vértebras, separadas entre sí por unos cojines suaves y elásticos, los discos intervertebrales, distribuidos en cinco zonas: cervical, dorsal, sacra, cojines. Vista de frente es rectilínea, y de perfil, cada una de sus regiones tiene una curvatura diferente. Estando derecho, la forma natural de la columna es en forma d “S” y el peso puede repartirse correctamente entre todas las vértebras. Podemos conseguirlo de la siguiente manera:
- Mover espalda hacia atrás suavemente.
- Mantener la cabeza levantada, con el cuello recto.
- Mantener el vientre suavemente entrado y músculos del abdomen contraídos.
Sentados en los sofás hay que evitar posturas que curven la espalda, como coger cosas de peso.
El simple hecho de seguir estas normas anatómicas básicas para mantenerse derecho, ya supone una manera de gimnástica correctiva que puede prevenir dolores de espalda.
Mantener la espalda recta en los sofás no supone hacer un esfuerzo, sino que hay que hacerlo de manera natural, según el equilibrio muscular de cada usuario, controlando los músculos, sin cansarlos. Simplemente es cuestión de tener el cuerpo bien alineado en los sofás de casa.
A causa de su posición en los sofás de su salón, las lumbares son las que habitualmente sufren más, ya que aguantan el peso de la cabeza, de la columna y del tronco permanentemente. A pesar que los músculos protegen la columna, cuando hay un movimiento de flexión que dura bastantes horas, como cuando nos levantamos en un sofá, las dorsales, lumbares y cervicales se comprimen por un lado y se flexionan por el otro. Se desplaza la carga del peso solo a un punto, y eso provoca dolor cuando nos incorporamos. Además, el disco intervertebral se desplaza, con el peligro de desgastarse si se adoptan a menudo las mismas posturas incorrectas, y puede derivar en accidentes discales como el lumbago, la ciática, la hernia discal, o lo que llamamos familiarmente como pinzamiento.
Como podemos proteger la espalda.
Tenemos que pensar que en nuestra espalda desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir, en todos nuestros actos cuotidianos. Al levantarnos, es conveniente hacer un estiramiento general suave. Tendríamos que evitar, por ejemplo, saltar de la cama y escuchar el despertador. Hacer unos sencillos ejercicios diarios para ejercitar la musculatura nos ayuda a prevenir posibles lesiones. Rotar la cabeza, mover la espalda, balancear los brazos, girar el tronco, hacer suaves abdominales diariamente, fortalece los músculos que sostienen la columna vertebral. En general, hay que evitar posturas que obliguen a doblar la espalda, como coger demasiado peso con las bolsas de la compra, o sentarse en mala posición en los sofás; mantener siempre el torso derecho, venciendo la inercia que nos incita a doblarla dejándonos ir por el propio peso. Para conseguirlo, hay que hacer servir los músculos abdominales y doblar las rodillas, acompañando la espalda.
Posturas adecuadas cuando nos sentamos y levantamos del sofá.
La mejor postura es aquella que somete a menos esfuerzo al esqueleto y a la musculatura. Cuando estamos derechos, el cuerpo descansa sobre la planta de los pies, En cambio, sentados, el cuerpo dispone de un refuerzo suplementario: El asiento. El peso del cuerpo se distribuye entre el asiento y el suelo, donde gravita aproximadamente el 16% del total. El equilibrio optimo de la postura, es decir, el equilibrio entre las masas corporales que descansan sobre el asiento y las que descansan sobre el suelo.
- Colocando el tronco en posición vertical espaldas hacia atrás.
- Mantener las piernas en posición horizontal.
- Poner los pies en posición horizontal, descansando sobre la tierra.
Hay que decir que la altura del asiento tiene que ser igual a la longitud de las piernas (de rodillas a pie). Si esta altura fuera superior a las piernas, y como consecuencia los pies no descansaran sobre el suelo, habría que hacer servir un reposapiés como complemento.
El secreto para mantener la posición natural de la columna (forma de “S”) cuando nos sentamos en el sofá son los cojines. Podemos disfrutar de la televisión estirados, sin que el cuerpo sufra poniéndonos diversos cojines en los vacíos que quedan, como la región lumbar. Todos los riñones y la espalda descansaran de verdad; los riñones perfectamente recogidos, la espalda queda recta y evita que resbale hacia abajo. Cuando estamos de cabeza hacia arriba, hay que poner un cojín en la nuca, riñones y la parte de detrás de las rodillos. Estamos de lado, el cuello, o las dorsales o la cintura, recogiendo las piernas en posición fetal. Un cojín de tipos “rollo” es ideal para llenar el vacío entre la cabeza y al espalda. No se tiene que mantener muchas horas la misma postura. Cambiar la posición del cuerpo permite no acumular tensión en los mismos músculos.
Hasta la mejor postura puede producir fatiga sino se permite relajar a veces los músculos posturales y la columna vertebral.
La posición completamente horizontal cabeza hacia arriba es cuando la columna.
Sofás y Sillones.
A la hora de elegir los sofás o sillones de casa hay que tener en cuenta que sean:
- Regulable.
- No demasiado blando, es ideal que el asiento sea medio-duro y el respaldo blando.
- Con antebrazos cómodos: que el brazo no quede más bajo que la altura del codo.
- Con cabezales reclinables.
- Con tejidos transpirables.
Para evitar que vuestros sofás o sillones cojan deformaciones, os recomendamos: limpieza, airearlo, vigilar con cierta frecuencia el estado de las espumas….y si, tenéis que cambiar os recomendamos una empresa de venta-online donde están especializados en sofás.
Este sofá chaislongue de sofás SientaT combina calidad, diseño y comodidad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












